Don Vincenzo Stronzonero se acomodó en su sillón preferido y aguardó pensativo. Con más de ochenta años se lo veía desmejorado físicamente, pero su lucidez estaba intacta. Esa claridad que, siendo joven, lo había llevado a comenzar a edificar su imperio, lo acompañó cuando consolidó su poder en su madurez.Su mayor ambición, entonces, era que su familia se integrara legalmente en la sociedad y que sus descendientes no necesitaran de métodos violentos para subsistir. Le había costado bastante, pero al fin había logrado su cometido. Sus hijos llevaban el negocio familiar de la mejor manera y su función solo se limitaba a aconsejarlos. Justamente debía reunirse con uno de ellos, Francesco, el mayor, quien era el heredero natural en la conducción del clan.
Aunque las reuniones con su hijo eran cada vez más espaciadas, lo complacía que lo hiciera partícipe de la marcha de las operaciones.
Francesco, de 58 años, lo saludó afablemente con un beso en cada mejilla y se sentó frente a su padre. Vincenzo fue al grano:
- Y bien, Francesco, ¿cómo andan los negocios?
- Muy bien, papá, mejor no podrían desarrollarse. Nos hemos expandido en numerosos rubros y todos nos reditúan –contestó orgulloso.
- Excelente, hijo, excelente. Creo haber dejado aceitado todos los detalles antes de dejarlos en sus manos.
- Si, papá. Aunque fue necesario hacer ajustes y cambios.
Don Vincenzo no era muy partidario de los cambios, pero confiaba en las decisiones de su hijo. Igualmente preguntó:
- El tema de la prostitución está generando ganancias como siempre, ¿no?
- Bueno, a eso me refería. Hemos volcado nuestros recursos al establecimiento de agencias de acompañantes, o escorts, como suele decirse. Son chicas y muchachos de clase media, estudiantes, que se mueven en un circuito de alto poder adquisitivo. Y aparte de la comisión importante que nos deja, eliminamos la desagradable relación con la policía para que nos dejara operar en el antiguo sistema.
- Ah, ya veo. Pero... el comercio de drogas continúa, ¿verdad?
- Si, pero desde otro ángulo. Hemos constituido una serie de laboratorios que...
- Claro, las anfetaminas.
- No exactamente. Nuestras empresas fabrican medicamentos genéricos que son distribuidos a menor precio que los que ofrecen los grandes laboratorios. Nuestros principales clientes son los ministerios de salud provinciales.
- Ajá, bien. O sea que, sobornando a un par de políticos...
- No hace falta, papá. Cada gobernador necesita proveer gratuitamente a la población de remedios, con lo cual cosecha una ventaja política. Nosotros ganamos la mayoría de las licitaciones porque tenemos el mejor precio. Nos beneficiamos mutuamente.
El viejo suspiró.
- ¿Y con el juego clandestino? –preguntó algo esperanzado.
- Tenemos instaladas varias agencias oficiales y no necesitamos más de los quinieleros ilegales. La gente quiere seguridad en el cobro y nosotros hacemos un gran aporte al estado, lo que nos benefició a la hora de establecer nuestra Fundación.
- Con la que lavan dinero.
- No, al contrario. Hemos emprendido una gran obra que abarca subvenciones y becas para los más necesitados, más tareas de beneficencia que hacen que el apellido Stronzonero, de a poco, deje de ser relacionado con el crimen organizado.
Francesco hizo una pausa y dijo:
- Papá, tu sueño se ha cumplido con creces. Esto que te conté es una parte de las diversas actividades que estamos realizando, todas legales. La violencia, el soborno, las amenazas, ya no son redituables para nosotros. Con una posición dominante en el mercado nos alcanza y sobra. Hemos resuelto invertir en el país y en un proyecto político a largo plazo, pero siempre dentro de las normas jurídicas vigentes.
Don Vincenzo se quedó pensativo y, con un mínimo gesto de su mano, le indicó a su hijo que la reunión había concluido. Ya solo, reflexionó sobre los tiempos que corrían. Qué lejos quedaban las batallas con las demás familias para terminar como capo absoluto. Cómo añoraba las reuniones donde se decidían la vida y la muerte de rivales. El vértigo de esa época había desaparecido. ¿Realmente este era su sueño? Era un dinosaurio en vías de extinción.
Su enfermera y asistente lo sacó de estos pensamientos al traerle la cena. Era un mísero plato de sopa sin nada sólido, tal como le había recetado su médico. De pronto se le ocurrió algo, que podría resarcirlo de su congoja. Sacó un billete de veinte pesos y lo colocó sobre la bandeja y, guiñándole un ojo, le dijo a la muchacha:
- Esto es para vos si le ponés un poco más de sal a este menjunje.
La enfermera miró el dinero y, haciendo un gesto de desagrado, le contestó:
- Mire, viejo de mierda, métase el billete en el culo. Si usted se muere, yo me quedo sin trabajo y tengo mil cuentas que pagar. Así que, déjese de joder y no me rompa las pelotas, ¿si?
El hombre guardó la plata, agachó la cabeza y comenzó a tragar lentamente su sosa comida.
Don Vincenzo Stronzonero, el último Padrino, supo que era el momento de retirarse definitivamente.
16 comentarios:
Uno de mis momentos favoritos en Casino, de Scorsese, es cuando en off se cuenta "y entonces llegaron ellos..." y comienza la narración de la suplantación de los viejos mafiosos por las corporaciones con su demolición de viejos hoteles para construir Las Vegas Landia.
Mensajero:
Es así. Ahora, a los mafiosos, se les dice CEO.
Poco fina la enfermera, no? No la despidieron por maleducada?
Director General Ejecutivo?
Principal Oficial Ejecutivo?
Ex mafioso ejecutor...
Abrazo.
Esa foto del viejo es la de Perón y el hijo debe ser Néstor, está claro, es lo que estamos viviendo... y la enfermera sos vos, te traicionó el subconsciente y quedaste al descubierto ¡JAJA!
La narración muy buena.
Salute.
Vero:
Es que el viejo ya no asusta a nadie. Por eso la mina se le atreve.
Digamos: Facilitador de Negocios Senior.
Ceo:
Jaa, es verdad, se parece al Pocho!
No sabés como me queda el uniforme blanco...
Muy bueno Adenoz.
Aunque el contar esas historias se paga con la vida.
Ud. es un tipo valiente o dolobu.
Le comento, que por mis pagos; el hijo tontito de Malatesta, ahora es el Intendente del Pueblo; es el único que sigue con la tradición familiar.
Saludos.
Algún:
No se preocupe, compañero, ahora estoy en el Programa nacional de proteccion de testigos.
Mi nuevo nick es "No soy Adenoz".
Cuéntela completa a la historia, mi socio. No la haga quedar mal a la enfermera. Cuente que le tiró el veinte por la cabeza y que le pidió un cien, mi viejo..
UAP, campión. Lindo el gorila de cinco pisos más arriba. ¿Qué le da de comer que le brilla tanto el pelo.?
y cualquier parecido con la realidad, es pura casualidad!
La enfermera la tiene clara, jugarse por 20 mangos...no existe!
un beso
Muy buen post! El viejo queria que sean garcas no-violentos...
Como vos Ade!!!
Saludos!
Amperiototón:
Sacarle un cien al viejo es más difícil que rascarse el codo con la misma mano.
Es como pedirle un cien a usté, mire lo que le digo.
Y tranqui, es un gorila "vegetariano".
Nada:
Es que le conviene que el viejo viva por varios años.
Bacchio
Mauri;
Al contrario, los quería violentos, como él.
Garca no-violento, yo?
Eso de "no-violento" estuvo de más.
El Romanticismo ha muerto.
Definitivamente.
Ese sopesar conciencias, temores, respetos, ideales, códigos, lazos de sangre... se ha ido para siempre.
La enfermera, muy mala onda. Yo no habría tomado el billete pero, al menos, le hubiera regalado al Don una vista generosa del escote.
Porca miseria!!
Mi scuzi, ma io ho dimenticato il inseguimento.
Buona notte...
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